Las trampas, el cafelito y otras fórmulas de dopaje

Tal vez sea usted de los que no puede funcionar (ir a la oficina, por ejemplo) sin un cafelito. El cafelito te da un peque subidón que te despierta, reactiva y ta hace rendir mejor. Y si no lo tomás solo es la leche. El cafelito es un dopaje. Y si en las oficinas hicieran el control anti doping nos echaban para casa a la mitad. Tal vez por eso no lo hacen.
Quién no se toma un café se toma un bollo de chocolate. O un espidifen. o un chupito de anís. O hay quien, para afrontar una jornada vespertina, necesita una siesta; o una copita de licor, igual que el albañil a veces tira del tinto de verano, el abogado del ron caribeño de importación o el periodista (bueno, el de antes) del güisqui. Principalmente antes de transcribir algunas entrevistas.
Todos tenemos nuestras sustancias particulares de dopaje. El tabaco por ejemplo para más de un treinta por ciento de la población española. Los ciclistas tienen una cosa que se llama Epo y que a lo que se ve es lo que se metió entre pecho y espalda una ciclista compatriota. Y de Pekín la han empaquetado para Madrid por tramposa. Y lo más seguro es que para sobrellevar o, mejor dicho, sobrevolar, las catorce horas del trayecto de vuelta a casa se haya tomado una pastillita para dormir o relajarse o descansar. Pero por esa pastilla no la van a sancionar.
El deporte ya no es más lejos, más alto más fuerte. Ahora es un ‘mira, mira… y sin drogas’. Ya no se trata de ver quién pedalea más rápido y más fuerte, sino de ver quién pedalea con la sangre más vacía, el estómago más limpio y más medicina natural, de la que no deja huella, en el cuerpo. A un futbolista que cobra una millonada y tiene un daño en la rodilla se le pone una inyección anestésica para que su equipo no pierda el partido y él no pierda un duro. A eso, dopaje, drogadicción, trampa o cartón se le llama jugar infiltrado. Fulanito juega infiltrado, dice nuestro comentarista favorito, como rodeando de un halo épico al fulanito infiltrado y millonario con la rodilla hecha mixtos pero doblándose con normalidad. Y el bolsillo hinchándose. Sí, pero si llega a ser un ciclista lo hubieramos llamado tramposo. Y no hablamos aquí de la legalidad o no de ciertas sustancias, de compararlas, sino de lo ético, o no, de tomarla, de las distintas varas de medir. De drogar.
Afortunadamente ya hemos pasado la época en la que al entrenador nacional de natación lo entrevistaban a su llegada de unos Juegos Olímpicos (Olimpiada es el tiempo que transcurre entre uno y otro) y a la pregunta de los sagaces reporteros respondía lacónico: venimos contentos, este año no se nos ha ahogado ninguno. De ahí hemos transmutado en potencia. Antes se vivía durante décadas de un gol de Marcelino. Ahora se gana una Eurocopa casi con desgana, Nadal da lecciones por todo el mundo y Gasol nos maravilla. Pero se ve que nuestros deportistas no tienen bastante con el cocido, la paella, los garbanzos con papas y el chorizo ibérico. Ahora les hace falta el Epo. A los que les hace falta. Pero si para afrontar doscientos metros lisos, un lanzamiento de martillo, cinco horas en bici o un partido de fútbol hace falta doparse imaginense para el deporte denominado ‘vida cotidiana’. Ahí es nada aguantar al jefe coñacete contra el que hay que tomar ‘panciencina complex’ en grandes dosis; o para llegar a fin de mes, ‘milagritis 500 gramos’. La vida es un deporte de alto riesgo, ya lo dijo alguien, que si tuvo tiempo de pensar eso seguramente llevaría una existencia aburrida.
El deporte es el ocio del pueblo. Puede que también el opio. Pero, en el caso español, es opio de alta calidad, no como el de antaño, cutrón y furibundo, como con ganas siempre de demostrar no mayor destreza, sino superioridad. Y si era contra Rusia, mejor.
Ahora somos tan modernos que no sólo nuestros deportistas triunfan sino que también toman sustancias que dicen prohibidas. Prohibidas según para quien. Qué suerte no ser atleta.

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Comentarios

Estoy de acuerdo con el catálogo de sustancias dopantes-anestesiantes. Yo añadiría otra: la tele.
Mientras millones de personas admirabamos hace unos días los éxitos de Phelps y cía., se iniciaba una guerra en Georgia, conflicto en el que, para resumir, al menos dos cosas quedan claras:
1. “la información suministrada por la mayor parte de los medios de comunicación es la vergüenza de Occidente” (http://www.cafebabel.com/spa/article/25993/giulietto-chiesa-georgia-europa-rusia-osetia.html). Para muestra, un botón: “Rusia desafía a Occidente” (La Opinión de Málaga, 27-8-08, p.25).
2. El papel de la UE deja mucho que desear.
Saludos: Emilio

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