Contentos con el Gobierno
Aunque a algunos les puede parecer increíble, es lo que hay. Ahora que el Gobierno parece más acorralado que nunca es cuando el sector turístico está más satisfecho con sus decisiones. Las del Gobierno. Y no lo oculta. Hasta tal punto que incluso mandan notas de prensa alabando “su iniciativa y determinación”. La Alianza para la Excelencia Turística, ese grupo de presión que reúne a las grandes empresas españolas, desde Barceló a El Corte Inglés pasando por Sol Meliá, se refería con esas palabras al Real Decreto que desde el pasado viernes regula el marco de trabajo de los controladores aéreos en España. Una medida ésta, impulsada por el ministro de Fomento, José Blanco, que también ha sido acogida con alborozo por las federaciones de agentes de viajes, las compañías aéreas o las patronales hoteleras. Y es que más allá del escándalo que supone que en la situación de crisis que estamos viviendo, con más de cuatro millones de parados, haya trabajadores de una empresa pública que cobren hasta 900.000 euros al año, el asunto de los controladores aéreos ha sido enormemente perjudicial para los intereses turísticos españoles. Primero, porque siempre ha estado ahí como una espada de Damocles. Cada vez que se acercaba la Semana Santa, el verano o el puente de la Inmaculada salía a relucir la posibilidad de que este grupo de privilegiados se pusiera en huelga, con el consiguiente perjuicio para millones de pasajeros. Pero es que además los sueldos de los controladores tenían una repercusión directa en las tarifas aeroportuarias. No olvidemos que los informes de Eurocontrol han puesto de manifiesto en más de una ocasión que estas tasas son en España un 47% más caras que la media de la Unión Europea, un 24% por encima de los cinco principales países del continente y en ocasiones hasta tres veces más altas que las de los países competidores del Mediterráneo (Turquía, Egipto, Túnez y Marruecos). Ya en la pasada edición de la ITB, el director general de Air Berlín en España, Álvaro Middelmann, exigía al gobierno que bajara estas tasas, al menos mientras durara la crisis, para poder ser más competitivos. Un año después llega la rebaja, pero no con carácter temporal, sino de permanencia. Es lógica, desde luego, tanta alegría.
Se anuncian cambios
El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, está preparando el congreso extraordinario de los próximos 11 y 12 de marzo que le catapultará a la secretaría general del PSOE de Andalucía. Por lo pronto, ya se sabe que Griñán pretende una gran renovación del partido (él mismo ha dicho que quiere rodearse de gente joven y de gran capacidad de trabajo), pero parece que después vendrá también una remodelación de su gabinete. Y ahí es donde pueden pasar cosas que afecten al turismo. Con todas las precauciones del mundo, que ya se sabe que al final la formación de gobiernos depende sólo del presidente, empieza a rumorearse la posibilidad de que en el próximo Ejecutivo andaluz se fusionen las consejerías de Turismo (que perdería Comercio) y Cultura. Eso sí, todo el mundo en el PSOE da por hecho que el nuevo departamento seguiría estando en manos de Luciano Alonso, ya que el consejero goza de la total confianza del presidente. fmpastor@epi.es
Señores, ya está bien

Una vista del Aeropuerto.
La Costa del Sol se ha puesto el parche antes que la herida. Con razón. Porque hay determinadas cosas que el común de los mortales (sáquese de aquí a los controladores aéreos) no podemos permitirnos. En esta provincia, entérense, vivimos del turismo; una industria que, tradicionalmente, pasa unos meses bastante malos durante el invierno. Y en estos dos últimos años aún peores debido a la crisis económica. Muchos malagueños, por tanto, están deseando que llegue la Semana Santa y con ella los turistas para reabrir sus negocios, volver a sus puestos de trabajo, vivir al fin y al cabo. Pero hete ahí que unos señores, controladores aéreos para más señas, que viven como si lo que pasa en el resto del mundo no les afectara y que cobran entre 200.000 y 600.000 euros –algunos hasta 900.000, diez veces más que el presidente del Gobierno–, no quieren perder una pequeña parte de sus prebendas y ya amagan con la posibilidad de convocar una huelga en plena Semana Santa, el Jueves Santo para más señas, que es cuando acaban la prórroga de su convenio colectivo. Podrán decir en su descarga que aún falta mucho para esa fecha y que la posible huelga aún no se ha convocado oficialmente, pero es que el turismo es una industria tan sensible que cualquier posibilidad de conflicto, por remota que sea, ya le perjudica. ¿Cree alguien que un señor del Reino Unido que se ha tirado todo el año trabajando para pagarse sus vacaciones va a plantearse venir a un país en el que existe la posibilidad de que una huelga le deje tirado en el aeropuerto y le chafe su descanso? La respuesta parece clara. El sector turístico de la Costa del Sol ha estado contundente en sus reacciones. Esperemos que el Ministerio de Fomento lo esté también y no permita más chantajes por parte de nadie. fmpastor@epi.es
Algo se mueve en Marbella

Ángeles Muñoz.
El regreso de Marbella a la legalidad urbanística tras 24 años de desmanes de todo tipo es una magnífica noticia. También para el turismo. Debido a la crisis, las ventas de viviendas turísticas son ahora anecdóticas, pero cuando salgamos de la recesión es de suponer que los turistas volverán a materializar su interés, nunca perdido, por tener una casa en la Costa del Sol. Pues bien, la aprobación del PGOU de Marbella da a todos esos potenciales compradores una seguridad jurídica que, desgraciadamente, se había perdido. No es de extrañar, por tanto, que todas las asociaciones relacionadas con el turismo residencial hayan celebrado incluso con alborozo el visto bueno de la Junta al nuevo planeamiento de la ciudad. Éste no es, sin embargo, el único cambio que en materia de turismo ha afectado a Marbella en los últimos años. También en materia de promoción hay que reconocer que desde la llegada de Ángeles Muñoz a la alcaldía las cosas han cambiado mucho. Y la mayoría de las veces para mejor. Marbella ha conseguido, por ejemplo, ser una de las ciudades del mundo mejor ‘vendidas’ en los Emiratos Árabes, que, como se sabe, conforman un mercado de gran poder adquisitivo y con un gusto especial por Marbella. Además, la concejalía que dirige José Luis Hernández ha apostado fuerte por entrar en el proyecto Odisea, un plan que pretende hacer de los puertos más atractivos de Europa un referente para el turismo. La idea de estas campañas pasan por diversificar cada vez más el perfil de los turistas que visitan la ciudad, sin perder por ello esa imagen de lujo y esplendor que ha caracterizado siempre a Marbella. Por ello, ya se han mantenido los primeros contactos con Saint-Tropez y Niza para sentar las bases de lo que podría ser una ruta por el turismo más glamouroso del Mediterráneo. En fin, que Marbella se está moviendo para cambiar esa imagen de corrupción que tanto le ha afectado en los últimos años. Esperemos que los frutos puedan verse pronto.
El primer paso
Eso sí, para que esa ‘cosecha’ sea productiva, habría que mejorar primero la situación en la que se encuentran los principales hoteles de cinco estrellas de la ciudad. Convertidos un día en referencia para el turismo de todo el mundo, muchos de ellos parecen hoy gafados. Tuvieron malos gestores, ajenos en muchos casos a la industria turística y desconocedores de su funcionamiento. Fueron objeto de operaciones erróneas, marcadas más por la especulación que por la viabilidad económica. Salieron en los medios de comunicación más vinculados a las mafias del Este, la prensa rosa y la gente de mal vivir que a un verdadero turismo de elite. Encarecieron sus precios de forma desmedida. Y todo eso lo han acabado pagando. Otros, los que realmente han sido gestionados por expertos profesionales y nunca se apartaron del buen servicio turístico, aún en tiempo de crisis se han mantenido con verdaderos oasis de una Costa del Sol prestigiosa. Ése es el camino. fmpastor@epi.es

